Las cucarachas, nuestras vecinas más indeseables
Jueves, Septiembre 2nd, 2010
cucarachas
Las cucarachas, nuestras vecinas más indeseables
Las cucarachas son una de las plagas más incómodas que podemos encontrar en nuestros hogares. Nos vemos obligados a convivir con ellas en casa, y, sin embargo, es poco lo que sabemos de su biología y de su comportamiento, más allá del que está relacionado con su gusto por nuestros alimentos y por los espacios húmedos y cerrados, dónde su presencia siempre nos resulta desagradable. Nuestro mundo es también el de las cucarachas, aunque nunca sea de nuestro gusto.
La cucaracha común es la especie más extendida, aunque el creciente trasiego internacional de mercancías por vía marítima, ha impulsado la difusión de especies de cucarachas exóticas a zonas urbanas de otras latitudes que se han adaptado, como no puede ser de otra manera para una especie superviviente a las glaciaciones o al cataclismo que borró a los dinosaurios de la faz de la Tierra.
Los insecticidas son el agente químico más socorrido que utiliza el hombre, sobre todo en el entorno doméstico, para acabar con las plagas de cucarachas. Insecticidas basados en agentes como la imiprotrina, o cebos que se dejan en los lugares que frecuentan las cucarachas que contienen fipronil o hidrametilnona. Sin embargo, los cebos más populares son los compuestos de ácido bórico, mucho más que los que atacan a sus huevos, como la deltametrina, que buscan regular sus poblaciones.
Sin embargo, existe otra manera de reducir el impacto de las poblaciones de cucarachas con medidas sensatas e higiénicas, como reducir la presencia de restos de comidas a los que puedan acceder o evitar la descomposición en nuestro entorno o cerrando tapas de cubos de basura, sellando o taponando eficazmente entradas y salidas de sumideros y bajantes.
Las cucarachas no tienen buena prensa, pero siempre se habla mucho de ellas. Es muy popular el comentario de que las cucarachas sobrevivirían a un holocausto nuclear, y prácticamente es cierto, porque son capaces de resistir dosis de radiación del orden de hasta 15 veces la que puede soportar el ser humano, éso sí, siempre que el insecto no esté en periodo de muda, durante el cual su organismo resulta más sensible. Pero su resistencia no acaba ahí, una cucaracha puede vivir semanas sin cabeza, sí, sin la parte anterior de su cuerpo, y muere al cabo de un tiempo por inanición. El motivo de esta sorprendente capacidad es que su respiración es traqueal. Unos diminutos conductos llevan el oxígeno que necesita hacia las células del cuerpo y al concentrarse esas ‘tomas de aire’ por todo su cuerpo y no en la cabeza como en los seres humanos, su supervivencia está temporalmente garantizada sin la cabeza.
A pesar de estas especializaciones, las cucarachas apenas han variado su aspecto desde que sus antepasados evolucionaron hasta conformar su apariencia en el periodo carbonífero hace unos 300 millones de años. Si acaso, los cambios que se han producido se han orientado hacia la especialización y, por supuesto, el tamaño, las del Carbonífero tenían un metro de longitud. El óxigeno, muy abundante en ese periodo, hizo crecer sus organismos hasta alcanzar proporciones, que, afortunadamente, no su mantuvieron en el tiempo hasta nuestros días. Convivir en casa hoy con cucarachas del tamaño de perros grandes, no es un panorama muy agradable.
Pero ¿qué es lo que buscan las cucarachas en lo rincones de nuestros hogares? Su alimentación privilegia el consumo de grasas, azúcares y almidón, por esa razón comen desde cuero a pegamento. El adhesivo de un sello de correos puede ser la comida de una cucaracha para alimentarse durante una semana completa.
Las habilidades vitales de las cucarachas no acaban ahí. Este insecto, puede estar hasta 45 minutos sin aire para respirar, llegando incluso a ralentizar el bombeo de su primitvo corazón, también puede permanecer hasta treinta días sin ingerir alimentos y sobrevivir casi sin ellos por tiempo indefinido. Y, en esas condiciones, puede comer cualquier cosa, como la ropa guardada en un armario o los hongos del reborde de una superficie húmeda.
Una cucaracha llega a pasar hasta el 80% de su vida en un mismo lugar, una grieta de la pared, en un trozo de desconchado, en un entrante del fregadero, en cualquier sitio donde pase inadvertida. Una cucaracha vive, al menos un año, pero nunca más de tres. Sus huevos se denominan ooctecas y se presentan en forma de paquetes de color marrón, que pueden parecer a simple vista excrementos. En cada ooteca, puede haber unos veinte huevos, a veces hasta cuarenta. Una hembra puede llegar a poner del orden de hasta 400 huevos en un año de vida.
Las cucarachas producen de forma natural unas secreciones olorosas que, al entrar en contacto con nuestros alimentos, pueden llegar a cambiar su sabor. Es sabido y temido el hábito de estos insectos por acercarse, pulular y reproducirse en el entorno de la comida humana.
Las cucarachas tienen un comportamiento gregario y competitivo al mismo tiempo. Estudios realizados con ellas, han demostrado que los excrementos se depositan como marca para descubrir a los demás congéneres dónde está el agua y la comida disponible. Para los humanos, estos rastros nos pueden llevar a descubrir la proximidad de su nidos, porque su instinto las obliga a vivir en comunidad, todas juntas, cooperando, de una manera muy compleja.
Las cucarachas son insectos nocturnos que casi son ciegos, utilizan las antenas de su cabeza para detectar los movimientos de sus depredadores o nuestra presencia, pero también los cambios de humedad, por su puesto las alteraciones de las temperaturas. Y una nota curiosa en este sentido, las cucarachas pueden resistir la radiación atómica como hemos visto, pero no el calor excesivo, simplemente porque su organismo no es capaz de regular apropiadamente la temperatura como nosotros los seres humanos, por ejemplo, que sudamos.
Y si hablamos precisamente de éso, de los límites físicos de la vida de las cucarachas, a fin de cuentas cómo queremos verlas en nuestro entorno doméstico, muertas, hay que decir que tienen una particularidad en su comportamiento y el de volverse patas arriba para hacerse las muertas si su instinto percibe un peligro amenazante para el que no tienen respuestas evasivas.
La cucaracha muere boca arriba porque su rigor mortis es con las patas contraídas, además, los espamos producidos por los insecticidas las hacen desequilibrar su postura alzada sobre las patas para caer vueltas boca arriba. La norma con las cucarachas es que aún estando panza arriba e inmóviles pueden simular estar muertas.
Las cucarachas han tenido 300 millones de años para ‘labrarse un porvenir’ con sus instintos, simples, pero eficientes, que las hizo sobrevivir en tiempos de los dinosaurios y ahora con nosotros. Con ellas compartimos nuestro tiempo evolutivo, pero, si podemos, nunca nuestro espacio. Su mundo, no es el nuestro, o por lo menos lo intentamos con insecticidas y nuestra dedicación a hacerlas desaparecer de nuestra vista.
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